Quien primero aplicó la Tolerancia Cero (entendiendo por ello la sanción de toda pequeña infracción cometida, aún a los menores de edad) fue ... (Rudolph) Giuliani, al llegar a la Alcaldía de la Gran Manzana en 1994, acompañando el reverdecer del Partido Republicano.
Analizada desde los derechos humanos y los derechos civiles, la gestión Giuliani fue un regreso a la mano dura policial, que se descargó especialmente sobre las minorías negras y latinas, sobre los vendedores y artistas ambulantes, sobre los talleres barriales y los programas heredados del Welfare State (Estado de Bienestar) que habían impulsado las gestiones comunales anteriores. Más de 70 mil demandas civiles contra el Gobierno de Nueva York se tramitaron durante los ’90. Abusos policiales, desalojos compulsivos y acoso a los inmigrantes indocumentados, todo mezclado con miles de actas de infracción por cruzar la calle fuera de la línea peatonal.
Católico prácticante (por lo menos, en su imagen pública), Giuliani eliminó los sex-shops y boliches nocturnos de Times Square y los reemplazó por un estudio de la MTV, una tienda de artículos Disney y salas de cine y teatro “para la familia”.
Pero, detalles al margen, fue la creación de 450 mil puestos nuevos de trabajo -gracias al apoyo de las corporaciones empresarias- la clave para la mejora general de los índices sociales y económicos.
Un hecho histórico y traumático -el atentado terrorista contra las Torres Gemelas, en 2001- ha impedido hasta hoy hacer un balance de la gestión Giuliani, en materia de Seguridad. A partir del 11-S, el control y la prevención en los grandes centros urbanos pasó a ser un tema federal, monitoreado desde Washington.
Tolerancia Cero y otras paradojas
Oscar Taffetani (APE)
20 de agosto de 2010
Enviado por Julio Victorio Puzzillo.
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Robos e intimidades - La delincuencia en Argentina
Una nota en RazonEs de Ser
por Mirian Jáuregui Cesar Ortiz AndersonAPROSEC ARGENTINA
http://www.aprosec.net/
(Buenos Aires, Argentina)
Cuando escribo un comentario de "robos e intimidades", señalo que la delincuencia en Argentina es verdaderamente alarmante, citar cifras seria un poco ocioso porque no hay persona en el país que no tenga alguna historia, algunas escalofriantes y dignas de la serie negra- sobre robos, atracos, secuestros, balaceras. Chantajes, falsificaciones, marcas, pandillaje y delitos de todo calibre, cualquier articulo se hace pequeño para enumerar los riesgos que hoy vivimos, cuenta la historia de un ejecutivo importante que recibió una llamada a su celular, llenando sus oídos de improperios, mentadas de madre y principalmente amenazas, contra su familia, en especial sus hijos, el delincuente conocía su vida más que la propia victima y contaba con información que ni su contador compartía.
Ciertamente ello lo asustó, al punto que depositó el dinero en una cuenta de un banco, acabó señalando que el delincuente le dio un número de celular sin importarle nada la clandestinidad, claro está, luego viene la discusión de que hubiera hecho cada uno de los que se colocan en el afectado pellejo de la víctima, siempre aparecerán los luchadores y los concesivos, quienes recurrirían a la policía y quienes la evitarían como la peste.
Esto nos debe llamar a la reflexión de que hoy la Argentina así como otros países , son medianamente inseguras, donde han aumentando sus tasas de delitos, sobretodo los delitos con violencia, es cierto que hoy los ciudadanos nos debemos enfrentar a diario con todo un abanico de riesgos en cuanto a sufrir un accidente de transito o un delito, y como le sucedió hace dos días a una persona que circunstancialmente fue herida por una bala que rozo su cabeza, basta con estar en el lugar y la hora equivocada, ya en un articulo anterior señala que peligrosamente estamos acercando la percepción a la realidad del riesgo ciudadano, más aún cuando al no tener una cultura de seguridad preventiva, facilitamos las cosas a los delincuentes o que ocurran accidentes.
A pesar de los esfuerzos de la seguridad publica esta no se da abasto y hay carencias de muchas cosas, así como factores de estructura que imposibilitan enfrentar en forma adecuada a la inseguridad ciudadana que hoy vivimos, esta claro que en los últimos años el Estado no ha sido capaz de resolver este fenómeno, y delitos como el pandillaje están siendo parte del paisaje en muchos distritos.
Ya estando a puertas de las elecciones a los candidatos habría que explicarles que siendo un problema social no se puede erradicar, que lo que se podría hacer con un gran trabajo y las estrategias adecuadas es reducir el numero y frecuencia de accidentes de tránsito y delitos, hasta hora ninguno de ellos no explican el cómo enfrentaran un problema que sufre la mayoría de ciudadanos, asimismo los candidatos a la presidencia evitan tocar el tema que es una verdadera piedra en el zapato.
Finalmente los ciudadanos deberíamos exigirles a todos los candidatos nos expliquen el cuándo, cómo y cuánto costará enfrentar un problema que va camino a ser una pandemia.
Seguridad ciudadana: por Miguel Ángel Di Cianni
Seguridad ciudadana: una materia pendiente con pérdidas de vidas y bienes.
Por Miguel Angel Di Cianni (*),
especial para Agencia NOVA
***
La inseguridad y la pérdida de vidas: ¿Un camino sin retorno?
Cuando se habla de inseguridad en la Provincia de Buenos Aires, nos referimos integralmente a pérdidas de vidas y bienes, y no, a competencias de discursos, confrontaciones políticas, o análisis superfluos. Las estadísticas de delitos en toda su variable han crecido al compás de la demografía territorial con índices alarmantes en los últimos cuatro años, dando por tierra con los diferentes programas de seguridad pretendidamente aplicados.
El cóctel de ideas, saborizado con especias políticas de diferente orden y factor, sucumbió a la dura realidad de la que son víctimas, los Ciudadanos Bonaerenses.
Es público y notorio que el desorden socioeconómico, la disolución de vínculos, la falta de formación educacional en todos sus aspectos, y la continua vulneración de derechos impostergables han contribuido a la esencia de este gran mal padecido, pero en nada contribuye seguir incoherentes ante el mismo.
No se puede pedir a un individuo con estado policial que prevenga o reprima el delito amparado en normas que lo convierten en la primera víctima, ya que por precepto natural, nadie en sus cabales se perjudica a sí mismo, y en ese contexto, la falta de apoyo institucional produce dicho específico.
Ante ello, el Estado debe estar comprometido en el cambio de las normas para que la tarea policial cuente con el respaldo de las garantías que le asegurará a los servidores del orden, cumplir con su labor ajustada a derecho, y la ciudadanía, el hecho de un resguardo y protección imprescindible como así también reaseguros a sus necesidades insatisfechas.
Los programas de seguridad a vista, despliegan una profunda tecnicidad casi imposible de entender por parte de la población y/o de la propia policía, y su puesta en marcha no concentra el tacto real de lo que acontece en materia de marginalidad. Puede ser un erudíto en materia legal pero el manejo y la estrategia de una Institución tan especial solo se exhibe con un acabado conocimiento de lo específico.
No existe la capacidad de aplicación en materia de seguridad si a los actores prioritarios no se los dota de los vitales elementos para su tarea. La base del desempeño policial es indudablemente operacional y ante ello, su jefe debe ser esencialmente operativo, algo exento en la actualidad.
La vocación de servicio del personal aludido debe inexorablemente ser revivida para optimizar su labor, pero cómo lograrlo si ante la duda es el primer sospechoso, si su capacitación exhibe las grandes falencias de los citados programas, si su condición de trabajador estatal lo clasifica en poseedor de un salario no acorde al riesgo de tarea, si la justicia los acota por acción u omisión, o si la propia Comunidad salvo casos exiguos, los coloca en la irrespetuosidad y el desagrado popular.
Cuando hablamos de inseguridad, hablamos de pérdidas de vidas y bienes ciudadanos, en consecuencia, la coherencia de acción y dicción será el determinante de nuestro futuro.
(*) Miguel Angel Di Cianni
Diputado Constituyente Pcial. M.C
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