La congregación judía de una ciudad de EE.UU. quiere premiar a su rabino que cumple 25 años de servicio y lo envía a Hawaii por una semana con todos los gastos pagos.
Al entrar a su habitación del hotel, encuentra acostada en la cama a una hermosa muchacha desnuda. que le dice:
-Hola. querido Rabino. Yo soy una pequeña atención que el presidente de su comunidad le envía.
El Rabino, rojo de bronca, toma el teléfono y llama al presidente de la comunidad:
-Grimberg ¿dónde esta su concepción de respeto hacia mi persona?. Yo soy un líder moral de nuestra comunidad. Como su rabino estoy muy pero muy enojado con usted.
La chica, apesadumbrada, se levanta, comienza a vestirse y cuando el rabino ve lo que esta haciendo, le dice:
-¿Adónde vas? Yo me enojé con Grimberg, no con vos.
(Enviado por Graciela Glas)
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El premio no se lo lleva siempre el que más se lo merece
Una señora de 98 años llamada Irena acaba de fallecer.
Durante la 2ª Guerra Mundial, Irena consiguió un permiso para trabajar en el Ghetto de Varsovia como especialista de alcantarillado y tuberías.
Pero sus planes iban más allá... Sabía cuales eran los planes de los nazis para los judíos (siendo alemana) .
Irena sacaba niños escondidos en el fondo de su caja de herramientas y llevaba un saco de arpillera en la parte de atrás de su camioneta (para niños de mayor tamaño). También llevaba en la parte de atrás un perro al que entrenó para ladrar a los soldados nazis cuando salía y entraba del Ghetto. Por supuesto, los soldados no querían tener nada que ver con el perro y los ladridos ocultaban los ruidos de los niños.
Mientras estuvo haciendo esto consiguió sacar de allí y salvar 2500 niños.
Los nazis la cogieron y le rompieron ambas piernas, los brazos y la pegaron brutalmente
Irena mantenía un registro de los nombres de todos los niños que sacó y lo guardaba en un tarro de cristal enterrado bajo un árbol en su jardín. Después de la guerra, intentó localizar a los padres que pudieran haber sobrevivido y reunir a la familia. La mayoría habían sido llevados a la cámara de gas. Aquellos niños a los que ayudó encontraron casas de acogida o fueron adoptados.
El año pasado Irena fue propuesta para recibir el Premio Nobel de la Paz... Pero no fue seleccionada. Se lo llevó Al Gore, por unas diapositivas sobre el Calentamiento Global...
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Enviado por Graciela Glas
Durante la 2ª Guerra Mundial, Irena consiguió un permiso para trabajar en el Ghetto de Varsovia como especialista de alcantarillado y tuberías.
Pero sus planes iban más allá... Sabía cuales eran los planes de los nazis para los judíos (siendo alemana) .
Irena sacaba niños escondidos en el fondo de su caja de herramientas y llevaba un saco de arpillera en la parte de atrás de su camioneta (para niños de mayor tamaño). También llevaba en la parte de atrás un perro al que entrenó para ladrar a los soldados nazis cuando salía y entraba del Ghetto. Por supuesto, los soldados no querían tener nada que ver con el perro y los ladridos ocultaban los ruidos de los niños.
Mientras estuvo haciendo esto consiguió sacar de allí y salvar 2500 niños.
Los nazis la cogieron y le rompieron ambas piernas, los brazos y la pegaron brutalmente
Irena mantenía un registro de los nombres de todos los niños que sacó y lo guardaba en un tarro de cristal enterrado bajo un árbol en su jardín. Después de la guerra, intentó localizar a los padres que pudieran haber sobrevivido y reunir a la familia. La mayoría habían sido llevados a la cámara de gas. Aquellos niños a los que ayudó encontraron casas de acogida o fueron adoptados.
El año pasado Irena fue propuesta para recibir el Premio Nobel de la Paz... Pero no fue seleccionada. Se lo llevó Al Gore, por unas diapositivas sobre el Calentamiento Global...
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Enviado por Graciela Glas
De Milo Auerbach el 28/11/2006


Historias personales en la calle Nueva York
de aquellos tiempos.
La colectividad judía de Berisso estaba integrada por inmigrantes cuya mayoría vivía en la calle Nueva York y alrededores, atendiendo talleres, negocios o trabajando en los frigoríficos. Tres instituciones los agrupaban: El Banco Cooperativo, La Ezrah y la Juventud Israelita Argentina de Berisso (J. I. A. B.). Las dos primeras eran de ayuda a los judíos que la requerían. La tercera era de carácter social y deportivo. La Ezrah, además, tenía a su cargo una sede social ubicada en la calle Río de Janeiro 4596, entre Valparaíso y Montevideo, en donde funcionaban todas las demás instituciones junto a una biblioteca, a la sinagoga y a la escuela judía. Allí los judíos se reunían para practicar algunos juegos o deportes, los domingos en los bailables que la J. I. A. B. organizaba, cuando había funciones de teatro en idish, en las festividades religiosas, etc. El teatro lo presentaba el "cuadro filodramático", con mi padre al frente de la dirección. El apuntador obligado porque leía muy bien, era el aceitero Shaike Rosembaum. Mis padres siempre fueron los primeros actores. El producto de las recaudaciones eran destinadas a mantener las entidades.
La colectividad judía de Berisso estaba integrada por inmigrantes cuya mayoría vivía en la calle Nueva York y alrededores, atendiendo talleres, negocios o trabajando en los frigoríficos. Tres instituciones los agrupaban: El Banco Cooperativo, La Ezrah y la Juventud Israelita Argentina de Berisso (J. I. A. B.). Las dos primeras eran de ayuda a los judíos que la requerían. La tercera era de carácter social y deportivo. La Ezrah, además, tenía a su cargo una sede social ubicada en la calle Río de Janeiro 4596, entre Valparaíso y Montevideo, en donde funcionaban todas las demás instituciones junto a una biblioteca, a la sinagoga y a la escuela judía. Allí los judíos se reunían para practicar algunos juegos o deportes, los domingos en los bailables que la J. I. A. B. organizaba, cuando había funciones de teatro en idish, en las festividades religiosas, etc. El teatro lo presentaba el "cuadro filodramático", con mi padre al frente de la dirección. El apuntador obligado porque leía muy bien, era el aceitero Shaike Rosembaum. Mis padres siempre fueron los primeros actores. El producto de las recaudaciones eran destinadas a mantener las entidades.
Sucedió en una función.
Como parte del argumento, una señora pariente lejana, Fani Glaser a quien yo llamaba tía y que en la obra hacía de madre, recibía de manos de un soldado, un telegrama en la que se le notificaba que su hijo Milton había desaparecido en la guerra. Mi padre asumía el papel de Milton. Yo formaba parte del coro. Después de leer la mala noticia, la madre tenía que exclamar: -¡Hijo mío!- y caer desvanecida sobre un sofá detrás suyo. Con mucha inteligencia, antes de proceder al desmayo, miró con disimulo hacia atrás para asegurarse la presencia del indispensable mueble. Su sorpresa y desesperación no pudo haber sido mayor. ¡No había ningún sofá!... De ninguna manera estaba dispuesta a desplomarse sobre un pelado y duro piso. Como pariente inteligente que era, no perdió la serenidad a pesar de la situación, y comenzó a barrer con su vista el panorama. Gracias a su buena estrella encontró con rapidez el ansiado y blando sofá, justamente en otro extremo del escenario. Con el telegrama en la mano y con paso firme, recorrió las tablas punta a punta. Dio media vuelta, volvió a leer el telegrama, exclamó por segunda vez -¡hijo mío!- y por fin se desmayó sin problemas y con la feliz sensación de la labor cumplida. En uno de los momentos mas dramáticos de la obra teatral, el público rompió a carcajadas. La madre de Raquel Glaser de Makler, que también envió recuerdos a la página web de Olga y Daniel, fue la protagonista de este singular episodio. Una buenísima y agradable mujer a quien todos queríamos.
Adjunto foto de esa representación en la que aparece Milton herido después de la guerra, acompañado de su prometida (mi madre), y copia del programa impreso para esa ocasión.
Adjunto foto de esa representación en la que aparece Milton herido después de la guerra, acompañado de su prometida (mi madre), y copia del programa impreso para esa ocasión.
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