Una aporía institucional que puede terminar muy mal.
Aporía es una dificultad insalvable, falta de paso o de medio. La Aporía de Aquiles y la tortuga, es un buen ejemplo de cómo ésta aventajaría siempre al corredor aunque este vaya más rápido. En nuestro caso, la tortuga es Uruguay y Argentina es el corredor Aquiles. La circunstancia de haber judicializado la política exterior en la espinosa cuestión de las Papeleras o caso “Botnia”, mediante el fallo de la Corte Internacional de La Haya, más que solucionar las cosas, ciertamente ha venido a empeorarlas.
En efecto, la actitud de los asambleístas de continuar con el corte de ruta en el puente internacional, más allá de las críticas o apoyos que reciban, no deja de ser una actitud mucho más coherente, comprometida, justificada y plausible que la asumida desde el principio por el gobierno argentino. Cuando recién comenzó el conflicto y se interrumpió el cruce internacional sobre el rio Uruguay, el propio esposo de la actual Presidente de la Nación, Néstor Kirchner cuando cumplía la misma función, alentó los asambleístas en dicha actitud. Más aún, en aquel momento no fue acatada por su gobierno una resolución judicial que ordenaba desalojar el puente internacional. Pues resulta de una lógica primaria no darse cuenta que la decisión unilateral de Uruguay de instalar plantas sobre la ribera de un río compartido por ambos estados, ha sido la piedra de la discordia que nadie hasta ahora reconoce que puede convertirse en una chispa que encienda el fuego de una reacción por parte del pueblo entrerriano de Gualeguaychú y se propague al resto del país, en solidaridad con los asambleístas, como ya ha sucedido con el conflicto con el campo, conflicto aún no superado y que está latente de una manera que puede surgir con más virulencia que antes.
En el caso del corte del puente por los asambleístas de Gualeguaychú, el Gobierno no entiende que está jugando con fuego y que se le volverá en contra como boomerang. Es tal su ceguera, que no advierte que su ambigua postura no hace otra cosa más que reafirmar en la suya a los asambleístas que más que piqueteros y rebeldes a sueldo, ya son vistos por sus compatriotas como defensores de la ecología del río Uruguay para evitar su contaminación, pues Argentina recibe del exterior de sus fronteras entre el 50 y el 75 por ciento del agua que posee. Es bueno recordar que en marzo de 2006 el entonces Ministro del Interior, Aníbal Fernández, hoy actual Jefe de Gabinete, bloqueó una orden judicial de levantar el piquete. De pronto, hay ahora Estado de derecho, ¿y antes no existía? Este inefable personaje que en lugar de armonizar o calmar las cosas, solamente sirve para tirar más leña al fuego, sale ahora cual fariseo con el anuncio de que denunciará penalmente a los asambleístas por varios delitos, en un intento desesperado de responsabilizarlos por lo que pudiera suceder en el desalojo.
Es a todas luces la actitud del Gobierno un típico acto de hipocresía y una provocación suicida para que arda la mecha y comience un fuego que a nadie le conviene que suceda. Sólo saldrán perdiendo las fuerzas de seguridad que se enfrentarán no a un grupo de asambleístas sino a un pueblo entero que se solidarizará inexorablemente con ellos que, de manera estoica, han permanecido firmes en la defensa de intereses superiores que el Gobierno no ha querido defender, toda vez que la actividad que realiza la pastera Botnia, no solamente afectará la costa vecina de enfrente, o sea, Gualeguaychú y alrededores, sino a aquellos que se encuentran río abajo. Botnia utiliza para su producción 164 millones de agua por día del río Uruguay, recibiendo su corriente la totalidad de los efluentes tóxicos que genera la pasta de celulosa. Las respuestas que desde el comienzo ha venido dando el Gobierno, han sido sinuosas, contradictorias, ambivalentes, desleales.
Asimismo, la justicia debe ser pareja si quiere ser equitativa antes que rigurosa. Es decir, debe medir con el mismo rasero al Gobierno y a los asambleístas. Con la salvedad de que los segundos no se han dado vuelta ni traicionado los motivos que los llevaron a tomar la determinación que tomaron. Todo un pueblo se levantará si los asambleístas son eventualmente acusados y procesados por los delitos que ahora el Gobierno los quiere denunciar: trece presuntos delitos que les cabría desde entorpecimiento del tránsito terrestre hasta atentado y resistencia a la autoridad, pasando por homicidio culposo (choque fatal de un motociclista contra un acoplado), amenazas agravadas, apología del delito y sedición. Será la chispa que encienda la mecha. Será la causa de que el incendio se propague por todo el país harto de tolerar el “descalabro institucional que desde hace un septenio agrieta hasta sus cimientos a la nación argentina”, como dice el acertado editorial de uno de los diarios más prestigiosos y objetivos del país (La Voz del Interior, 10/06/10).
Por eso, la justicia antes de actuar, primero deberá tener bien en cuenta las obras de Thoreau: “Desobediencia Civil” y de Thomas Paine: “Sentido Común” y “Derechos del Hombre”. Thoreau plantea el derecho a la desobediencia civil desde fuertes convicciones personales que apelan a un principio de justicia. Critica y acusa a la sociedad estadounidense de haber dejado apagar su espíritu, dejándose llevar por un conformismo material, olvidando así el ejercicio del derecho a la rebelión. Incluye un retrato de las causas por las cuales se produce este adormecimiento de las conciencias, y denuncia la falta de responsabilidad individual que desemboca en un Estado que acaba por convertirse en el opresor de aquellos a los cuales se debe (aquí vemos cierta influencia de Rousseau y su Contrato Social). Por último, como no podía faltar en un individualista como Thoreau, niega la virtud de las decisiones tomadas por la mayoría para prevalecer sobre la conciencia individual. En definitiva, su Desobediencia Civil viene a negar que la obediencia sea necesariamente una virtud.
Cuando algo en el sistema funciona mal, el individuo tiene el derecho y la responsabilidad de desobedecer y rebelarse. Su frase: “No importa cuán pequeño pueda parecer el comienzo: lo que se hace bien, bien hecho queda para siempre”, se adecua perfectamente a lo logrado hasta ahora por los asambleísta de Gualeguaychú. Por su parte, Paine manifiesta en palabras imperecederas: “¿Qué es el gobierno sino la conducción de los asuntos de una Nación? No es, y no puedo serlo por su naturaleza, la propiedad de cualquier hombre o familia particulares, sino la propiedad del conjunto de la comunidad, a cuyas expensas es sostenido; y aunque mediante la fuerza o el ingenio ha sido convertido en patrimonio privado, esta usurpación no puede alterar la naturaleza de las cosas. La soberanía, como un asunto de derecho, pertenece solamente a la Nación y no a un individuo cualquiera; y una Nación tiene en todo momento un derecho inherente e irrenunciable a abolir cualquier forma de gobierno que encuentre inconveniente y a establecer la que esté de acuerdo con su interés, disposición y felicidad”.
Por último, qué juez consciente de su dignísima tarea, se atrevería a condenar a ciudadanos que teniendo necesariamente que elegir entre el mal mayor (contaminación y muerte del río Uruguay y perjuicio a la economía de la región y del país) y el mal menor (corte de la ruta y puente que une las dos naciones vecinas), como medio para evitar una futura catástrofe ecológica de un río compartido), elige el mal menor porque no le queda otro camino. Es una causa de justificación penal. La norma del derecho argentino expresa: “El que causare un mal para evitar otro mayor inminente al que ha sido extraño” (art. 34 inc. 3º del Código Penal). Se podría argumentar que los actuales perjuicios y daños causados actualmente al río Uruguay y a la región, no se ajustaría al concepto de peligro de “mal mayor inminente” que exige la ley, pero tiene relevante trascendencia el voto en disidencia del juez de La Haya Abdulqawi Yusuf (Somalía), que admite en forma expresa la negligencia en la manera en que el tribunal internacional evaluó la evidencia presentada sobre la contaminación del río Uruguay.
Dijo: “Soy de opinión de que la Corte debería haber requerido asistencia técnica (…) con el fin de contar con ayuda adecuada para comprender profundamente y en detalle la evidencia científica y técnica presentada por las partes, en vivos, la calidad de las aguas y el balance ecológico del río Uruguay”. Asimismo, resulta totalmente antojadizo sostener que el corte de ruta vulnera el derecho de libre tránsito y circulación, toda vez que existen otros pasos alternativos: los puentes de Concordia y Colón, además del ferry. Entonces, si se tiene en cuenta que Uruguay actuó en forma unilateral en un tema que obligadamente tiene íntima relación con un río compartido, es justificable y lógica la reacción de los asambleístas al haber sido totalmente ajenos (extraños) al mal mayor inminente causado por Uruguay con tal acción unilateral, mal que, a todas luces, no es potencial sino que ya ha sido desencadenado, no es algo que sobrevendrá sino que ya constituye un proceso de contaminación y deterioro en permanente avance. En unos años se podrán observar las funestas consecuencias que este proceso acarreará no sólo a la región aledaña sino también a una vasta porción de la República Argentina, que en esta carrera corre en desventaja, como teorizó Zenón de Elea del corredor Aquiles.
Antonio J. Sesín
DNI 6.487.092
http://www.informadorpublico.com/Cartas_de_lectores.html
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Pasteras de celulosa: La Corte de la Haya cerró por vacaciones
Cerraron las audiencias en La Haya
hasta el año que viene
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) cerró el viernes las audiencias y dejó visto para sentencia a inicios de 2010 el largo diferendo entre Argentina y Uruguay sobre la construcción de una planta de celulosa a orillas del río Uruguay, que Buenos Aires considera contaminante.
Info: Montevideo Portal
hasta el año que viene
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) cerró el viernes las audiencias y dejó visto para sentencia a inicios de 2010 el largo diferendo entre Argentina y Uruguay sobre la construcción de una planta de celulosa a orillas del río Uruguay, que Buenos Aires considera contaminante.
Info: Montevideo Portal
Sobre el calentamiento global
- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -
El que daña, no paga.
Ileana Alamilla
ALAI AMLATINA, 07/12/2007, Guatemala.-
Qué razón tenían los “radicales ambientalistas” que reclamaban atención para el planeta; sus reiteradas advertencias se han ido cumpliendo, no poco a poco, sino aceleradamente.
Hoy enfrentamos un cambio acumulativo e irreversible a nivel mundial, que producirá catástrofes económicas y humanas, lo que plantea el reto global de frenar esa desquiciada carrera depredadora, tarea que nos corresponderá a todos (as), aunque no seamos los responsables del deterioro ni hayamos disfrutado de los beneficios de haberlo infligido.
El Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008, llamado “La lucha contra el cambio climático: solidaridad frente a un mundo dividido”, presenta datos y análisis científicos que argumentan sobre el ritmo acelerado y en mayores magnitudes que las normales del deterioro de la Tierra.
Se ha alterado el ciclo normal de nuestro planeta, pero, como siempre, pocos son los que contribuyen a enfrentar esta tragedia, cuyas peores consecuencias las sufrirán los países y sectores sociales “vulnerables”.
Es decir que lo más preocupante no es sólo el cambio en sí, sino el acelerado ritmo que se ha observado.
Once de los 12 años más calurosos desde 1850 se concentran entre 1995 y el 2006.
Uno de los principales retos es evitar que la temperatura de la Tierra aumente más de dos grados centígrados, y ¡ya estamos cerca de esa frontera!, según se revela en el estudio.
Traspasar ese umbral será condenar a nuestra descendencia a una vida plagada de dificultades.
Entre los países con mayor responsabilidad en estas alteraciones están Estados Unidos, Canadá, la Federación Rusa, el Reino Unido y, en América Latina, Brasil, cuyas gigantescas huellas ecológicas nos alcanzan a todos(as).
Ya hay daños irreversibles en la única casa que nos cobija, aunque todavía tenemos la oportunidad de, al menos, mitigarlos.
Los cambios que deben ser impulsados son drásticos y apremiantes, e implican medidas urgentes y políticas adecuadas y ambiciosas, señaló Beath Rohr, coordinador residente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Guatemala, quien manifestó que se requiere suprema solidaridad de parte de los países desarrollados con los países subdesarrollados que poco han tenido que ver en el problema.
Esos riesgos climáticos incrementan las desigualdades, porque son los países subdesarrollados los más afectados y con menor capacidad de protegerse.
Las variaciones del clima dañarán la agricultura, el acceso al agua y un aumento en riesgos de salud.
En Guatemala, el mayor desafío radica en frenar la deforestación y la quema de combustibles fósiles, y en controlar las fábricas de cemento, cal y carbonato, que son parte del problema.
Hay que contribuir a la solución global.-
Ileana Alamilla,
periodista guatemalteca,
es Directora de la Agencia CERIGUA.
Más información: http://alainet.org
Contaminación: extractos de un informe
La otra cara de la reactivación.
A pesar de la cantidad de puestos de trabajo que generan, la creación de parques industriales preocupa a los vecinos de la región por los riesgos ambientales que ocasionan. Sin embargo, las autoridades provinciales y municipales aseguran que la reactivación productiva no afecta a la población.
La creación de parques industriales en el conurbano bonaerense durante la década del 90 apareció como una respuesta no sólo a la necesidad de preservar el desarrollo industrial ante el deterioro que provocó la apertura económica y el retraso cambiario, sino también como un intento por ordenar la espontánea y por momentos caótica mezcla de fábricas y viviendas residenciales, que siempre deterioran la calidad de vida en cualquier ciudad. Sin embargo, durante las últimas décadas quedó comprobado que la existencia de un sector industrial planificado no siempre es sinónimo de preservación del medio ambiente, y que a la inversa, en ocasiones la concentración de industrias en un predio cerrado mantiene alejada la mirada de los vecinos, que siempre son el primer eslabón de la cadena de control ambiental, y por lo tanto funciona como zona liberada para la actividad industrial.
La aplicación de las normas para el cuidado del medio ambiente es uno de los principales reclamos de la población y de las organizaciones que denuncian la falta de control a la actividad industrial. “El defecto no son las leyes, lo que pasa es que no se aplican. Lo que falla es la actividad de contralor, el ejercicio del poder de policía en muchos niveles del Estado”, remarcó Andrés Nápoli de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales en diálogo con Info Región. La Ley provincial 5.965, denominada “de protección a las fuentes de provisión y a los cursos y cuerpos receptores de agua y a la atmósfera”, prohíbe “el envío de efluentes residuales sólidos, líquidos o gaseosos a la atmósfera y a los cursos o cuerpo receptor de agua, superficial o subterráneo, que signifique una degradación o desmedro del aire o de las aguas de la Provincia, sin previo tratamiento de depuración o neutralización que los convierta en inocuos e inofensivos para la salud de la población o que impida su efecto pernicioso en la atmósfera y la contaminación, perjuicios y obstrucciones en las fuentes”. Según Nápoli, la delicada situación ambiental que se vive en el territorio bonaerense es producto de la “pasividad que tiene la administración que bajo la excusa de la falta de recursos, privilegia la actividad económica en detrimento de las cuestiones ambientales”. Sin embargo, el ambientalista rechazó que los polos industriales sean la causa de la contaminación y atribuyó este problema a la falta de control por parte del Estado a los desechos que las industrias arrojan sobre los cursos de agua. “No le podríamos atribuir el problema a la figura del Parque Industrial, la cuestión es la falta de contralor. Las industrias, las empresas, las actividades económicas hacen lo que les dejan hacer. En países donde la legislación y el control son mucho más estrictos, las normas de producción de las industrias están mucho más ajustadas a la protección ambiental”, enfatizó.
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